Las expectativas

¡Ay! Las expectativas. Eso tan hermoso y tan peligroso a la vez.

Toda persona lleva un montón de expectativas en potencia. Cuando nace un bebé y por eso he puesto esa foto en la cabecera, seguramente los de alrededor ya están pensando en montones de planes o de esperanzas que tienen para él.

Todos tenemos muchas expectativas, sobre cómo debe ser un médico, sobre cómo debe ser un amigo, sobre cómo será mi vida en diez años… que levante la mano la que no pensaba cuando era pequeña que a los 25 años ya tendría esposo, hijos, casa, coche y un trabajo como jefa en algún sitio.  Y ahora cuando lo piensas (al menos yo) te partes de risa. Mi idea de vida ideal cuando estaba en el instituto era ser Neurocirujano. Mi idea de vida ideal cuando estaba en la carrera era primero: acabar la carrera(importante puntualización, que el solo hecho de acabar ya me parecía bastante arduo…) , segundo: ser hematóloga (los sueños quirúrgicos desaparecieron nada más entrar al quirófano). Mi idea de vida ideal después era llegar a jefa de departamento (no me preguntéis de qué departamento porque no lo sé). Ahora pienso todo eso y me troncho de risa. Y eso era en lo profesional que ya en lo personal tenéis que sacar el pañuelo para no llorar con las carcajadas…

Y ¿cuál es mi vida? Pues aquí tenéis, consagrada al Señor en una comunidad maravillosa (cosa que nunca imaginé que me sucediera ni que me diera la inmensa felicidad que tengo), Médico de Familia (que nunca pensé que haría), dedicándome a la Napro (que no sabía ni lo que era)… y suma y sigue. De ahí debe venir el refrán: “Si quieres hacer reír a Dios, cuentale tus planes”. Así que ¿qué más puedo deciros? Que aprendamos a enfrentarnos a la vida de un modo nuevo y fresco, que nos dejemos sorprender y le preguntemos a Dios por donde quiere que vayamos. Sólo eso nos hará felices y plenos

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2 comentarios en “Las expectativas”

  1. Supongo que en cada etapa se la vida nos acompañan unas expectativas distintas.
    Lo bueno es saber vivirlas con equilibrio y dejar marchar lo que no ha sucedido y a lo que me había apegado en mi fuero interno y abrazar lo que Dios nos pone en el camino que es justo lo que necesitamos.

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